¡Prueba!

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Comenzando el año pensaba en todas las cosas que me encantan.

Ya sabemos de sobra lo que tenemos y generamos: las rutinas, las responsabilidades, los niños, las “entregas”, los familiares, el trabajo urgente, etcétera. Aunque pienso que a pesar de ello y con ello, hay pequeños detalles, acciones y decisiones que nos pueden aliviar la carga diaria que todos, sin excepción y me incluyo, vivimos a diario por diferentes situaciones de la vida cotidiana. Algunos más, otros menos, pero siempre podemos beneficiarnos. ¿Por qué no compartirlo?

Planifícate

Elige un día a la semana, o si lo prefieres diariamente, y anota, agenda, escribe, haz mamarrachos si deseas con todo lo que tienes por hacer, por solucionar, por hablar, por abrir o por cerrar. Esos minutos que le dedicas a establecer tus citas, tus “debes y haberes” liberarán a tu mente de forzar a la memoria. Y no te olvidarás de nada. Si lo haces, será por decisión, y no por descuido. Esto ayuda a quererse, porque luego no podrás reprocharte que algo “quedó en el tintero”. Y verlo en un papel, de tu puño y letra, te recordará el compromiso que adquiriste contigo mismo. Nada más sano que comprometerte con lo que decides. Te dará flexibilidad para decidir tachar, quitar o cumplir. Será tu propia elección, y eso ya es valedero. (Doctores, dentistas, dermatólogos, cualquier especialista que necesites estará en tu lista también, para darle un check al menos una vez al año. Esto es media batalla ganada a favor de tu salud. Siempre será mejor prevenir que curar).

Cambia los caminos

Cambiar “caminos” –y lo dejo entre comillas porque no son sólo los que andamos a pie o en coche- nos ayuda a ver las cosas con otra perspectiva. Incluso, literalmente, cambia tu camino al trabajo, al club, a la casa de tus amigos, adonde sea que vayas; no elijas siempre el mismo recorrido aunque te lleve unos minutos más de tiempo, aunque te pierdas para llegar; tus sentidos se alimentan cuando escuchan, ven, sienten lo diferente. No hace falta que viajes largos caminos para ayudarlo, una simple rutina se puede convertir en un agradable paseo. Notarás que llegarás a destino con algo diferente adentro

Dale tiempo a tu cerebro a que procese. Cambia de música, cambia de vestimenta, cambia. Esos “caminos” nuevos alivian del estrés que provoca la peor enfermedad en estos días: la monotonía y la rutina diaria. Todos nos sentimos agotados en ciertos momentos del día, del mes, del año, de las estaciones. Podemos ayudar a nuestro cuerpo, darle una mano para sentirnos también “de vacaciones” en el medio de nuestra vorágine diaria. No te ancles. Prueba.

Decide tus prioridades

Establecer prioridades nos ayuda a tomar decisiones. Estas variarán según la edad, la organización familiar, laboral y los gustos. Puedes (SÍ PUEDES) darte el placer de elegir tus prioridades, incluso perdiendo el equilibrio para volver a él un tiempo después. En ciertos momentos, necesitamos darle prioridad a la familia (por diferentes motivos y muy personales), a nuestro trabajo si nos da placer y estamos en él por decisión, no por obligación, a nuestros hijos (me atrevo a decir que esto debería ser prioridad número UNO en la vida de cualquier padre/madre), a los amigos, al deporte, a un proyecto, a una enfermedad, a los duelos, a la felicidad por los logros obtenidos. No somos súper héroes. No tenemos por qué lidiar con todo al mismo tiempo intentando la perfección con todos y en todo. Podemos (y debemos) establecer prioridades de acuerdo a las vivencias y experiencias que nos va presentando la vida. Muchas veces, necesitamos ese pequeño desequilibrio que deja afuera la atención constante a un trabajo, o a la familia, o a los amigos. Quien te quiere bien (y primero SE quiere bien) lo entenderá. E incluso te acompañará en el proceso. Porque la vida por sí sola acomoda el desorden, siempre que tus prioridades estén a favor de tu salud y tus sentimientos. Tus pensamientos se acomodarán en tanto le prestes atención a lo que mereces, y lo que habías dejado en segundo, tercer lugar, vuelve a resurgir por sí solo. Y para hacer esto, la humildad suma puntos: reconocer la individualidad, porque no todos tendremos las mismas prioridades, al mismo tiempo y en el mismo lugar. Insisto en que no somos súper héroes ni seres perfectos. Al contrario, es gratificante que la imperfección nos ayude en el aprendizaje constante. En estos desequilibrios se aprende a equilibrar. Prueba.

Ejercítate

Tu cuerpo agradecerá que le dediques, como mínimo, 20 minutos diarios a moverlo, sacudirlo, estirarlo, mimarlo. La sangre que corre por tu cuerpo, sin que lo recuerdes, necesita oxigenar tu cerebro y, también, tu corazón y emociones. Tus sentidos necesitan bailar, correr, caminar, desplegarse. Llegará un momento en que tu cuerpo, solito, te pedirá un sacudón (cada uno se sacude como quiere, no hay objeciones), y tendrás que escucharlo. Quien se mueve, tiene menos probabilidades de enfermar, de angustiarse y de generar pensamientos negativos, que luego desparramamos sin darnos cuenta, porque en definitiva todo lo que no se vende ni se compra, se pide y se regala. ¿Quién quiere obtener eso de ti? Entérate que nadie. NADIE. No necesitamos ser todos deportistas, ni entrenar largas horas para ejercitarnos (aleluya por ellos, ¡los admiro enormemente!), necesitamos querer nuestro cuerpo, y amar nuestro corazón para bombearle la energía suficiente. De esto también, dependerá nuestro metabolismo y el descanso que necesitamos para recargar energía. Cada día puede ser diferente, si lo quieres. Prueba.

Medita

Los innumerables beneficios que ofrece la meditación (en sus variadas formas y procesos) ya están comprobados, hace años, por la medicina occidental y, gracias a la toma de consciencia creciente, las instituciones educativas en los países más desarrollados ya lo han incorporado dentro de su currículo. El silencio es un bien precioso que muchos desconocen. No necesitas irte a Nepal ni echar a patadas a la gente que vive contigo, mucho menos “apagar” el mundo y los ruidos con los cuales convives. Todo lo que necesitas es, dentro de tu largo día repleto de actividades, elegir 5, 10, 15 minutos para estar a solas, sin nadie a tu alrededor, y cerrar tus ojos. Mil pensamientos recurrirán a tu mente inquieta; déjalos pasar, te estás liberando de ellos. Si no conoces más técnica, ya con estos minutos de silencio absoluto te estás regalando salud y energía. Los beneficios te sorprenderán con el tiempo. En vez de “perder tiempo” (como muchos creen), estarás ganando con ventaja más tiempo durante el día, más lucidez, más sensatez, y favorecerás tus relaciones personales, ya que tu mente descansa en esos pocos minutos como no lo hace ni cuando duermes. Ese estado de consciencia pura te eleva por sobre todo lo que tus sentidos digieren durante cada día de tu vida. Sólo estás ganando. Prueba.

Aprende a decir “NO”

Declinar educadamente a algo que no deseas, o para lo cual no tienes tiempo o no es tu prioridad, es un ejercicio de aprendizaje a favor de tu salud, sobre todo emocional. No puedes sostener todo para todo el mundo. No estás llamado a actuar cuando no lo sientes o no es parte de tus elecciones diarias. Todos necesitamos tiempo para nosotros mismos (y eso incluye tu lista). No te sientas culpable por tener que cerrar las puertas a los que amas, algunas veces. Saber cuándo y cómo no es nada fácil, y es probable que quienes te rodean se paralicen, te reclamen, insistan o crean que estás enfermo o que te han hecho algo que te molesta. Hasta que comprendan que te estás priorizando a ti mismo, tendrás que recibir todo tipo de respuestas. Quererse y cuidar la salud y tu vida diaria, también requiere unos amables “NOES”. A la Vida dile SÍ, pero cuida de tus tiempos, de tus elecciones y preferencias. Si los demás no saben hacerlo, enséñales con tu ejemplo. Cuando aprendes, la culpa desaparece, y aprendes que ese NO también es Amor. Prueba.

Aprende algo nuevo

Es probable que aprendas algo nuevo en tu trabajo, cada día o cada tanto. Pero seguramente hay cosas que siempre quisiste saber, investigar, leer, hacer. Procura que no pase el tiempo, ni siquiera una semana de tu vida sin que hayas incorporado un conocimiento nuevo en algo que te interese, que te motive, que te llene de energía. No necesitas un título universitario para estar aprendiendo, ni inscribirte al último curso virtual de prestigio. Necesitas ser curioso, y regalarle a tus neuronas el ejercicio que les ofreciste cuando comenzaste los primeros años de estudio y eras un/a niño/a.  Aprendemos primero por obligación, luego por elección, pero aún así, no estamos seguros de lo que realmente nos apasiona, o no nos animamos a reconocerlo. ¿Hoy lo sabes? Ve por ello.  Y olvídate de los “sanos consejos” ajenos. La gratitud que siente tu cuerpo cuando le sumas conocimiento de algo (sea lo que sea que te guste) se desparrama por tus células. Y de paso, si sientes amor por quienes te rodean, comparte. Hay tantas cosas que yo no sé (enumerarlas me llevaría tanto tiempo), pero me encanta aprenderlo porque me lo cuentan, y quienes saben mucho más que yo. La pasión se comparte como en el amor, y tu aprendizaje me puede servir aunque a mí no me apasione, y viceversa. Dale a tu cuerpo… alegría Macarena, ¡sí! Alegría de saberse útil, de que puede funcionar a la edad que tengas. Algo nuevo cada día… ¿qué puede ser? Sólo tú lo sabes. Y si tienes hijos, ya cuentas con los mejores profesores y eminencias en casa; para la vida, escúchales a ellos. Aprenderás sin descanso. Para tus neuronas: lee, investiga, abre una revista diferente, hojea un buen libro, entérate. Prueba.

Mira a los ojos

Parece una práctica absurda, ¿verdad? Pues no lo es. Cuando alguien te habla, así sea el taxista que te lleva a casa, te está dando su tiempo, sus palabras. Puede que te resulten vacías, absurdas, incoherentes, o incluso que no estés para nada de acuerdo con ellas. Pero quien te habla es un ser humano como tú. Nos distraemos todo el tiempo, con el teléfono móvil, con la televisión, con los ruidos, con la atención que debemos prestar al entorno. No es para menos, estamos inmersos en un mundo cada vez más ruidoso, repleto de todo. Y en ese todo lo más importante es la gente. Mirar a los ojos es una práctica que me costó años aprender (y aún a veces, me cuesta porque lo olvido), pero recordarlo es darnos cuenta que cuando alguien nos habla, merece ser MIRADO. En lo profundo. Detrás de cada mirada se divisa el Alma. Sean tus hijos, tu pareja, tu amigo, quien te vende tu comida diaria, tus compañeros de trabajo, tus superiores, tu gente a cargo, el vecino o aquel que “no vale la pena escuchar”. Antes de decidir si vas a putearlo, si vas a aceptarlo, si vas a congeniar o no, míralo/a a los ojos. Y si tienes la valentía, pídelo también. Muchas veces me encuentro pidiéndolo: “Mamá, mirame”. A mis amigos, a los hombres, a los niños: “mirame cuando me hablas”. La mayoría de las veces, valen más esas miradas que las palabras que salen de sus bocas. Si me vas a hablar, sea para bien o para mal, por favor, mirame. Ahí estoy yo. Y si no te estoy mirando, pídemelo. Si te animas a intentarlo cada día, con cada persona que te cruces, notarás que algo cambiará en ambos. Todavía creo en mirar a los ojos. Prueba.

Ama

AMA. No, no estoy subestimando a nadie. Es un mal femenino creer que para amar, para sentir amor, se necesita un hombre. Y un mal masculino creer que para amar se necesita una mujer (o a alguien del mismo sexo, si fuera el caso). Si eso ocurre, regocíjate y disfrútalo (en vez de pensar en qué momento se termina o en “las formulas y claves para una existencia perfecta”). Pero amar es un verbo tan desgastado, tan mal usado, que ocurren dos cosas con él: o lo usamos para decir que amamos cuando no es verdad, y entonces amamos a todo el mundo; o por el contrario, no nos lo permitimos sentir, mucho menos expresarlo. Nos vamos a los extremos. Creo que amar es el mejor verbo que se ha inventado para definir los comienzos: venimos del amor (o desamor) de nuestros padres. En ambos casos, el amor o falta de él estuvo como centro de la escena para que estemos aquí. Dicen que no hay nada más triste que morir sin haber amado. Ama lo que te haga vibrar, sentirte pleno, sentir ese amor correr por tu sangre. Puedes amar tu trabajo, tu familia, amar la naturaleza (y entonces, cuando realmente lo sientes, LA CUIDAS), amar a los animales (entonces, porque lo sientes, porque amas, LOS CUIDAS), amar a quien eliges para que te acompañe (hoy y ahora; y entonces, LO/LA CUIDAS, porque lo sientes), de lo contrario déjalo/a libre. No seamos egoístas. Amemos. Y si no te han enseñado a amar, si no te han dado ejemplo, si no lo has aprendido aún, sonríe con esperanza porque tienes TODA la capacidad para hacerlo, y para permitir que alguien te ame y te muestre su amor. Hay actos que vienen sólo del amor, no tienen otro origen. El miedo y la culpa son su opuesto. Quien vive con culpas y con miedo no se está permitiendo amar. No puede amar ni siquiera su propio cuerpo, su propia sangre, su mente y su corazón. Y el aprendizaje, el experimento del amor, trae madurez, trae consigo una gratitud inmensa que te permite expandirte. No hablo de “conseguir” algo para amarlo (y a las personas también me refiero), sino de ELEGIR AMANDO.  Si te amas y amas lo que haces, lo que ya tienes, lo que no tienes, lo que ganas y lo que pierdes, le estarás diciendo gracias a tu vida. Y eso vuelve. Te aseguro que vuelve. Prueba.

Me quedo con algunas frases de Martin Luther King. Él siempre me ayuda a recordar que puedo estar en buen camino:

La pregunta más persistente e importante de la vida es: “¿Qué estás haciendo por los demás?”


Todos podemos ser grandiosos… porque cualquiera puede servir. No tienes que tener un título universitario para servir. No tienes que poner de acuerdo a tu sujeto y al verbo para servir. Sólo necesitas un corazón lleno de gracia. Un alma generada por el amor.


Tener fe es dar el primer paso, incluso cuando no puedas ver toda la escalera.


Las personas no se llevan bien porque se temen; se tienen miedo porque no se conocen; y no se conocen porque no se han comunicado.


Si no puedes volar entonces corre; si no puedes correr camina, si no puedes caminar gatea, pero sea que sea lo que hagas, tienes que seguir en movimiento y hacia adelante.


Si un hombre está llamado a ser barrendero, debería barrer las calles incluso como Miguel Ángel pintó, o Beethoven compuso música, o Shakespeare escribió poesía. Debería barrer tan bien que todos los seres del cielo y de la tierra harían una pausa para decir: “Aquí vivió un gran barrendero que hizo muy bien su trabajo”.


He decidido seguir al amor. El odio es una carga demasiado pesada para soportar.


Les aseguro que si un hombre no ha descubierto algo por qué morir, no es apto para vivir.


Que sea un año diferente entre la prueba y el error, porque equivocándonos aprendemos.

Gracias por leerme 🙂

-Poli Impelli-

Plural: 10 Comentarios Añadir valoración

  1. Javier dice:

    Muy bien redactado artículo, nuy interesante. Algunos buenos consejos. Lo de mirar a los ojos me ha llamado especialmente la atención.

    Hemos llegado al punto en que nos parece normal que alguien mire su móvil mientras hablamos, o hacerlo nosotros. Reflexionaré sobre ello.

    1. Poli Impelli dice:

      Gracias por leer y dejar tu comentario, Javier. Sólo comparto lo que a mí me hace bien, lo que a mí me sirve, lo que se prueba y da gusto vivirlo. Si le sirve a alguien más, genial.
      Todos caemos en el olvido de no mirar a los ojos. A mí también me pasa, y sigo recordándome a mí misma el valor de la mirada que tengo enfrente. La mía también vale.
      Gracias.
      ¡Abrazos!

  2. Muy buenos comentarios!
    Demuestran que eres una persona inteligente.
    Me pareció un artículo muy completo.
    Felicitaciones.
    Un abrazo.

    1. Poli Impelli dice:

      Gracias, Luis! Por pasar, leer y comentar.
      Va otro abrazo de vuelta para ti 🙂

  3. Rosa López dice:

    Poli, qué sabios consejos son los que das. Parecen fáciles pero una vez decides empezar a hacer cambios te das cuenta que cada acción es un mundo en el cual tienes que borrar, aprender y volver a andar. Adelante amiga, ¡Vamos a empezar! Un abrazo literario.

    1. Poli Impelli dice:

      Gracias por tu comentario, Rosa. Lejos estoy de poder “aconsejar” a alguien, pero sí puedo compartir lo que a mí me sirve. Nunca sé a quién puede serle útil, y si le llega a un alma y le hace bien ya habré servido.
      ¡A empezar entonces! Abrazo creativo para ti también 🙂

  4. Muy buena propuesta. Inspiradora. Gracias!

    1. Poli Impelli dice:

      Gracias a ti, por leer y comentar.
      ¡Abrazo!

  5. alfonsosaneugenio2 dice:

    Totalmente de acuerdo en todo 🙂 Muy grande¡¡

    1. Poli Impelli dice:

      Gracias, guapísimo. Menos mal que tú y yo siempre estamos de acuerdo (¡vaya líos estamos armando en el mundo virtual!) 😛
      Gracias por comentar. Abrazo infinito.

Soy todo oídos... ojos. Bueno, que me cuentes lo que quieras.